21.8.09

Fimmtudagur

Ahí estaba yo, sola con mi rana rosa (para variar), volviendo a mi casa en el monstruo rojo que me deja todos los días en Santa Fe y Paso, perdida en el vasto mar de mis aleatorios pensamientos como de costumbre.

“I can tell that you're lonely
But it seems now
There's nothing you want me to do
So I won't try to take the sadness from those eyes that I love
Leave it open for someone else to

¡Qué hermoso día de invierno! Esa mañana no salí lo suficientemente abrigada, sentía los pies helados y las manos entumecidas por el frío. ¿Mis labios? Secos y doloridos (lo cual no es novedad), el uniforme del colegio, las calaveras y las rosas adornaban mi figura poco agraciada, mi pelo parecía un nido diezmado por la tormenta, y mi mirada descansaba perdida en algún punto de la avenida Maipú (hasta Paraná, claro).

“No me mires más” pensé.

Quería bajar.

Santa Fe y Pacheco, apenas dos cuadras para llegar a destino. Me paré con todo el sigilo y la delicadeza posibles para no llamar la atención de los demás pasajeros ante la posibilidad de trastabillar torpemente hacia el timbre, y todavía podía sentir el verde peso de esa mirada sobre mí.

Busqué la esquina de colores y la vereda sucia con la vista hacia delante. No quería ver más, pero justo después de sentir el chillido bajo mi pulgar, sus palabras cruzaron la atmósfera de mi burbuja como agujas al mismo tiempo en que el anfibio rosa había dejado de croar.

“¿A dónde vas con esos ojos?”

Imposible.

2 comentarios:

  1. qué lindo mechi.
    todos intentamos no trastabillar, pero es ya una cuestion física. no hay con que darle.

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